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Reimaginar el poder de la comunicación: los grandes aprendizajes del taller de AMCO y Weber Shandwick

  • Foto del escritor: AMCO
    AMCO
  • hace 18 horas
  • 5 min de lectura

La comunicación atraviesa uno de los momentos más trascendentales de su historia. Entre inteligencia artificial, crisis reputacionales en tiempo real, audiencias hiperconectadas y organizaciones cada vez más complejas, el papel del comunicador ha dejado de ser táctico para convertirse en una función estratégica de negocio.



Esa fue una de las conclusiones más poderosas que surgieron durante el taller presencial organizado por AMCO en las oficinas de Weber Shandwick, donde Amanda Berenstein, Erika Haller, Raquel Sacal y Raquel Huidobro compartieron experiencias, metodologías y reflexiones que invitaron a los asistentes a replantear el futuro de la profesión.


Más que una capacitación, el encuentro se convirtió en una conversación profunda sobre el nuevo rol de los comunicadores y la responsabilidad que implica construir confianza en un entorno donde todo es público, todo es político y todo es personal.


La comunicación ya no se trata de mensajes, sino de decisiones


Uno de los primeros temas que resonó entre los asistentes fue una realidad preocupante: cada vez menos estudiantes eligen estudiar comunicación.

Sin embargo, lejos de interpretarlo como una señal de decadencia, las especialistas plantearon una lectura distinta. La comunicación no está perdiendo relevancia; está cambiando de lugar dentro de las organizaciones.


Las herramientas tecnológicas hoy permiten que cualquiera publique contenido, diseñe una campaña o genere mensajes con ayuda de inteligencia artificial. Pero la capacidad de conectar negocio, reputación, cultura organizacional y grupos de interés sigue siendo una habilidad profundamente humana.


El comunicador ya no es quien redacta mensajes.

Es quien ayuda a definir qué decisiones deben comunicarse, cómo deben comunicarse y qué impacto tendrán en la organización.


El regreso a los fundamentos


En una época obsesionada con las tendencias y la innovación, uno de los mensajes más valiosos del taller fue, paradójicamente, volver a lo básico.


Las ponentes insistieron en que toda estrategia de comunicación debe partir de una narrativa sólida, capaz de responder tres preguntas fundamentales:


  • ¿Quién eres?

  • ¿Qué promueves?

  • ¿Por qué importas?


La reflexión fue contundente: muchas organizaciones pueden explicar perfectamente qué hacen, pero pocas tienen claridad sobre por qué son relevantes para sus audiencias.


La narrativa corporativa no es un ejercicio de redacción. Es una herramienta de negocio.

Cuando está bien construida, se convierte en la brújula que orienta mensajes, campañas, cultura organizacional y reputación.


La reputación ya no se construye desde afuera


Uno de los insights más repetidos durante la jornada fue que la comunicación interna y externa dejaron de ser territorios separados.


Los colaboradores se han convertido en uno de los grupos de interés más influyentes para cualquier organización. Sus publicaciones, comentarios y experiencias tienen hoy tanto peso como una campaña publicitaria o una nota periodística.


La consecuencia es clara:

No puede existir una narrativa hacia afuera que contradiga la experiencia que se vive dentro de la empresa.

Las organizaciones que logran coherencia entre cultura, propósito y comunicación generan algo mucho más valioso que visibilidad: generan credibilidad.


El reto ya no es publicar contenido; es mover conversaciones


Otro de los grandes aprendizajes del taller fue entender que la relevancia no se consigue ocupando más espacios, sino participando mejor en las conversaciones que importan.


Durante la sesión se abordó cómo muchas marcas siguen operando bajo una lógica de volumen: más publicaciones, más canales y más presencia.


Sin embargo, la pregunta estratégica hoy es otra:

¿Qué conversación queremos activar?


Para responderla, Weber Shandwick compartió una metodología basada en cuatro dimensiones:

  • Conversación.

  • Emoción.

  • Comunidad.

  • Legitimidad.


Antes de sumarse a una tendencia, una marca debe entender qué está ocurriendo culturalmente, quién está participando y si realmente tiene permiso para formar parte de esa conversación.


La visibilidad, por sí sola, ya no garantiza relevancia.


La atención es el nuevo campo de batalla


La saturación informativa apareció constantemente durante las discusiones.


Noticias, redes sociales, podcasts, videos cortos, inteligencia artificial y plataformas digitales compiten simultáneamente por el tiempo de las personas.


En este contexto, la reputación ha dejado de ser un resultado para convertirse en una ventaja competitiva.


Las organizaciones más exitosas no son necesariamente las más conocidas.


Son las que logran construir confianza.

Y la confianza no se genera con campañas aisladas.

Se construye mediante consistencia, evidencia y comportamiento.


Medir la comunicación sigue siendo uno de los mayores desafíos


Uno de los momentos más enriquecedores del taller surgió durante los ejercicios prácticos, cuando varios asistentes compartieron desafíos reales de sus organizaciones.


¿Cómo demostramos el valor de la comunicación?


La conclusión fue que los comunicadores necesitan hablar cada vez más el lenguaje del negocio.

No basta con medir alcance o cobertura.


La conversación debe evolucionar hacia indicadores de percepción, confianza, consideración, recomendación e impacto estratégico.


Vivimos en una era de permacrisis


La sesión final abordó uno de los temas que más interés generó entre los asistentes: la gestión de crisis.


Amanda Berenstein presentó un concepto que resume perfectamente el contexto actual: la permacrisis.


Un entorno donde las organizaciones operan bajo una sensación constante de vulnerabilidad, impulsada por tres fuerzas:

  • Todo es público.

  • Todo es político.

  • Todo es personal.


Las redes sociales, la hiperconectividad y la velocidad de la información han cambiado radicalmente las reglas.


Las empresas ya no controlan completamente la narrativa.


Si una organización guarda silencio, alguien más ocupará ese espacio y contará la historia por ella.


La confianza tarda años en construirse y minutos en perderse


A través de casos reales, las especialistas demostraron cómo las crisis modernas ya no se resuelven únicamente con comunicados corporativos.


Las organizaciones deben responder con:

  • Transparencia.

  • Rapidez.

  • Empatía.

  • Autenticidad.


El silencio por miedo, la negación o los mensajes genéricos suelen amplificar los daños reputacionales.


La nueva comunicación de crisis exige asumir responsabilidades, poner a las personas en el centro y construir respuestas creíbles.


La inteligencia artificial cambia las herramientas, no la esencia

Aunque la inteligencia artificial estuvo presente a lo largo de toda la jornada, el mensaje final fue particularmente relevante.


La IA puede ayudar a monitorear conversaciones, identificar riesgos, analizar escenarios y acelerar procesos.


Pero las decisiones críticas seguirán siendo humanas.


Porque al final, la comunicación sigue siendo un ejercicio profundamente humano: Personas construyendo confianza con otras personas.


El futuro pertenece a los comunicadores estratégicos


Al concluir el taller quedó una sensación compartida entre los asistentes: la profesión está cambiando más rápido que nunca, pero también está adquiriendo una relevancia sin precedentes.


Los comunicadores que prosperarán en los próximos años no serán necesariamente quienes dominen más herramientas tecnológicas.


Serán quienes entiendan mejor los negocios, interpreten contextos complejos, construyan narrativas consistentes y sepan generar confianza en medio de la incertidumbre.


Ese fue, quizás, el aprendizaje más importante de la jornada.


La comunicación ya no es una función de soporte.


Es una función estratégica capaz de influir en reputación, cultura, crecimiento y valor empresarial.


Y en un mundo donde la confianza se ha convertido en uno de los activos más escasos, el papel de los comunicadores nunca había sido tan importante.



 
 
 

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